
Colección NARRATIVA nº 70
ISBN: 978-84-17433-03-1• 166 páginas • PVP: 15,00 €
INFORMACIÓN
DEL LIBRO:
Un falso relato de viajes de aire fantástico con grandes
dosis de humor, una parodia con referencias políticas.
Novela fantástica y de humor protagonizada por Ascanio Orabuena,
profesor de origen español que trabaja desde hace décadas
en la Universidad de Polla Vieja (California). Rodeado de los recuerdos
de toda una vida dedicada a investigar el comportamiento humano, decide
emprender, antes de su jubilación, un último viaje a un
país casi desconocido al que muy pocos han podido ir: Fardelia.
Pero viajar a ese extraño y divertido país, según
irá comprobando, resulta muy complicado. Además de los
enredos académicos y burocráticos, Orabuena tendrá
que lograr que el decano, con el que no se lleva muy bien, financie
el proyecto. La relación amorosa que acaba de iniciar con la
rubicunda Petra Supililiuma, experta en sánscrito, le hace dudar.
Finalmente viaja a Fardelia, y encuentra una sociedad muy peculiar donde
no existe el poder ni se rigen por el derecho. Tratar de entender este
pintoresco e impenetrable país, es un reto ante el que no está
dispuesto a retroceder. En Fardelia, Orabuena encontrará al Profesor
Succi, quien mantiene de forma clandestina viejas costumbres jurídicas,
intimará con Turumbelli, un joven italiano que se encuentra a
sus anchas en el país y sus investigaciones le llevarán
a enfrentarse con un poder oculto. Es un falso relato de viajes de aire
fantástico con grandes dosis de humor, una parodia con referencias
políticas, de ágil y agradable lectura, que pasa de lo
ridículo a lo profundo. Viaje a Fardelia ha sido finalista en
el Premio Tristana de Novela Fantástica del Ayuntamiento de Santander.


(Pamplona, 1957) Ha sido abogado y profesor.
Su última obra es la novela RC en la que narra las consecuencias
de un atentado terrorista. Es también autor de la novela Sin
tabaco (Diario de Navarra), de la recopilación de artículos
Rascacielos (Ayuntamiento de Pamplona), y del ensayo 2 centavos,
un diario. Ha escrito también relatos y teatro. En 2014 publicó
una crónica de los sanfermines, titulada Fin de Fiesta,
en la que trató el ocaso del fenómeno de la fiesta a partir
de la última muerte en un encierro. Colaborador de distintos
medios de comunicación, es autor de una columna semanal de opinión
en Diario de Navarra. Mantiene el blog "2 centavos". Viaje
a Fardelia es su primera novela publicada en M.A.R. Editor.

Pedro Charro en la Feria del Libro de Valladolid junto al escritor Miguel Ángel de Rus
P.-¿Viaje a Fardelia es una novela
de humor o de viajes?
R.- Es una novela con humor que parodia los libros de viajes. Ambos
géneros son un reto. El humor es una cosa muy seria, los más
grandes han usado el humor, pero no tolera que se abuse de él,
que se amplíe demasiado. Es un asunto delicado, de medida. El
humor, o la ironía, si se quiere, es una forma de persuadir tal
vez mejor que la forma seria. Parece que con el humor todo se hace más
soportable. Con el humor se logra que el lector disfrute, algo que algunos
ven mal, pero que es la primera obligación del escritor. En cuanto
a los viajes, son el opio de nuestro tiempo. Todo el mundo quiere dar
la vuelta al mundo, escapar a lugares exóticos. El viaje se identifica
con la felicidad. Sin embargo, el viaje, como todo, no es lo que era.
El mundo se ha convertido en un parque temático. El viajero romántico
que encontraba maravillas en su periplo ya no vale, ya no existe, y
es un poco lo que se parodia en este libro también. El autentico
viaje se hace sin moverse de casa o yendo hasta la esquina.
P.-¿En qué país te has inspirado para crear
Fardelia?
R.- En el propio, sin duda. Por mucho que uno se deje llevar por la
imaginación o emplee la escritura automática, acaba hablando
de sí mismo y de lo que tiene al lado. Los paisajes, los lugares,
vienen de mis recuerdos y sobre todo del Cabo de Gata, un lugar fuera
del mundo. Pero sobre todo me han inspirado en lugares inventados: países
literarios, los desiertos, las islas remotas. El lugar inventado sirve
de espejo, es una manera de revelar, por contraste, el propio. El último
que tenemos es Tabarnia, que también responde a un fino sentido
del humor.
P.-El protagonista de tu novela, Ascanio Orabuena, a veces está
bastante perdido. ¿Rasgo autobiográfico?
R.-Sí. Pero es un hombre perdido en la razón, lleno de
lecturas y de información, lleno también de voluntad y
curiosidad que emprende un viaje para aclararse, para descubrir algo
distinto. Es un buscador de la verdad. En este punto es también
un viaje iniciático. Es un hombre del siglo XX, cegado por la
utopía, que por cierto es una isla inventada. Todos hemos querido
viajar allí. Dar a conocer Fardelia, un lugar remoto donde no
existe el poder, sería un gran éxito para él. El
hallazgo de un paraíso. El viaje prueba que la utopía
está siempre cerca de la distopia, que el paraíso se las
arregla para parecerse al infierno. Orabuena, en cierto modo va a triunfar,
aunque no como esperaba. En ese punto es un viaje clásico, donde
el que vuelve es distinto al que se fue.
P.-El protagonista trabaja en la Universidad de Polla Vieja (California).
¿Te has valido de tus conocimientos de alguna universidad cercana
para inspirarte en la peculiar vida cotidiana de la universidad californiana?
R.-Sí, sí. La universidad es una cosa bastante cómica.
No hay más que ver los desfiles con birrete. Es un lugar muy
solemne, que tiende a creerse en posesión de la piedra filosofal.
Sin embargo, vista por dentro resulta un poco anquilosada, y tan prosaica
como cualquier otra actividad. La comedia universitaria es igual en
todas partes. Hay siempre una tendencia a la impostación, a la
gravedad un poco ridícula del que se escucha hablando. Ese es
el personaje universitario La universidad, la ciencia, reclama para
sí todo el saber, lo sabe todo y lo controla todo y eso es un
poco risible. Orabuena y sus colegas están en esa creencia. Pero
cuanto más saber, podemos decir, más lejos está
uno de la verdad. Hay como un foso entre el saber y el hacer. Por ejemplo,
se enseña literatura en la universidad, pero es incapaz de enseñar
como escribir una novela. Eso va por otro camino.
P.-¿Qué has querido contar con Viaje a Fardelia?
R.-Que perseguimos algo y que lo que encontramos es siempre otra cosa,
y ese malentendido es el núcleo de nuestra vida. Que nos construimos
en ese viaje, que las personas y las cosas que nos salen al encuentro
son lo que nos cambia. Que el tiempo hace de las suyas. He visto que
Aira, ese escritor travieso, dice que el espacio es la categoría
feliz, donde uno vive, camina, actúa, y el tiempo es la triste,
la que va dejando recuerdos y heridas detrás, allí donde
se envejece y muere. Por eso la gente quiere viajar en el espacio, irse
de viaje. La vieja metáfora del viaje para explicar la vida sigue
sirviendo. Es la historia de don Quijote que sale al mundo a desfacer
entuertos y es molido a palos a la primera.
P.-Se afirma que es un falso relato de viajes con grandes dosis
de humor, una parodia con referencias políticas que pasa de lo
ridículo a lo profundo. ¿Las referencias tienen que ver
con España?
R.-Puede que la España que tengo más cerca, pero que es
común al resto, donde el particularismo, el canto a la excelencia
propia y la obsesión por la diferencia es la monserga diaria.
No hace falta ni poner ejemplos. Por eso digo en el libro que, si se
mira con atención, hasta en un tiesto se ven grandes diferencias.
Luego está esa sensación de decadencia que reina en el
país, de que las cosas parecen cada vez más falsas, que
se juegan en la trastienda, que nadie es capaz de explicar lo que pasa.
Todo eso se da en Fardelia. Un país que quiere vivir sin ley,
liberarse de ella en nombre de la libertad, cuando eso sería
volver a la selva. Un juego de espejos, claro.
P.-¿Cómo se pasa de una novela tan dura como RC, sobre
el terrorismo, a una novela ágil, de humor, de fácil lectura?
R.-Con gran placer. Es como tener permiso para salir al recreo. Con
RC seguí una dieta rigurosa para contener el relato, para que
el lenguaje acompañara a la historia que hablaba de dolor y responsabilidad,
la que parece que todavía no se quiere asumir. Era, por otra
parte, la historia que viviendo donde vivo no podía evitar. Con
Fardelia ha sido como salir de viaje de vacaciones, abrir la puerta,
jugar con el lenguaje y permitir que la imaginación, la loca
de la casa, como se sabe, se escape a hacer de las suyas
P.-¿Has escrito un libro muy polémico sobre los Sanfermines
titulado "Fin de fiesta" en el que denuncia la zafiedad en
que se ha convertido esta fiesta navarra, sinónimo de juerga
sin freno donde todo vale. ¿Te ha costado mucha incomprensión,
boicots, perder relaciones?
R.- Mas bien el pago del silencio, del ninguneo. Que los sanfermines
han ido decayendo es algo que sabe todo el mundo, pero que no es de
buen tono admitir. Que no puede decirse en alto. La consigna oficial
es que cada año son mejores. Con la fiesta se trata de la tradición,
y tocar la tradición es muy doloroso. Los sanfermines son un
residuo de la antigua fiesta sagrada. Es lo que se ha transmitido de
padres a hijos, la manera de celebrar la vida. Pero la fiesta se ha
masificado y degradado y se han perdido los referentes para vivirla,
las reglas. Se ha convertido para muchos en puro exceso donde todo vale.
Por eso es tan importante denunciar que se pierde. El viaje, la fiesta,
el mundo, vaya, no es lo que era y eso nos alarma.
P.-Por último, danos una razón para ir a Fardelia…
R.-Ningún destino puede ofrecer tanto y por tan poco: un lugar
al que se accede abriendo el libro y dejándose llevar sin prisas
ni codazos. Un viaje que no se acaba. El viaje interior, el viaje sentado
en el sillón, el viaje alrededor de uno mismo del que se vuelve
cambiado. No hay comparación. No en vano Foster Wallace tituló
su crónica sobre un crucero de placer como "Algo supuestamente
divertido que nunca volveré a hacer".


• "La vida es un viaje equivocado y en ese equívoco se nos va la vida", en Diario de Navarra
• Viaje a Fardelia, espejo deformado de España, según Pedro Charro, en Literatura de Humor
• Presentación de Viaje a Fardelia, en Livemusic Madrid